Falta trabajo y decides plantearte la opción de emprender. Pasas semanas, meses…madurando la idea y despejando tus miedos hasta que por fin optas por dar el paso cargado de ilusión. Es entonces cuando todo cambia. Llegan las prisas por hacer clientes, por cuadrar las cuentas para que todo cobre sentido, porque cada final de mes tu balance arroje motivos para la esperanza. Y en esa vorágine te olvidas de lo que empezaste haciendo: PENSAR

Es indispensable que cada día te tomes un tiempo para pensar. En la ducha, mientras haces ejercicio o simplemente con lápiz y papel en tu mesa. Conviértelo en un hábito. Si no puedes hacerlo a diario, hazlo cada dos o tres días o una vez a la semana.  Pero hazlo.

En cualquier caso, no debes confundir procastinación con pensar. Lo primero puede llevarte a sueños difíciles de alcanzar mientras que lo segundo es pensar como hábito.

Tendemos a hacer lo mismo que los demás, pero no nos detenemos a pensar en nuestra meta real u objetivos. Y eso que olvidamos y que fue lo que nos empujó a montar nuestro negocio es lo que nos hace perder de vista el estilo de vida que realmente deseamos.

Puede llegar a ser muy decepcionante hacer algo sin pensar y al cabo de días o meses comprobar por ti mismo que esa acción no ha servicio para nada.

Inviertes mucho tiempo en crear una estrategia de venta de un producto o servicio, pero no te has parado a pensar bien lo que pretendes transmitir y a quién quieres llegar. Esto te termina conduciendo a un trabajo perdido que te obliga a empezar de nuevo. Eso sí, ya con menos ilusión.

En este punto, recordamos esta frase de Abraham Lincoln: «Dame seis horas para cortar un árbol y pasaré las primeras cuatro afilando el hacha»

Haz un análisis profundo de tu vida, lo que haces cada día, tus nuevos proyectos. Conseguirás mejores ideas y tus decisiones acabarán siendo más acertadas.

Si defines tus estrategias y aclaras esos pensamientos, elegirás mejor tus prioridades, que serán las que te llevarán al éxito.

Vivimos en una sociedad consumista, en la que todo es “ahora” y debes intentar protegerte de ello en la medida de tus posibilidades.

Las compras por impulso acaban siendo frustrantes en muchísimos casos. Al realizar comprar se segregan una serie de neurotransmisores como la serotonina que nos hacen encontrarnos bien al hacerlo. Sin embargo, si aplazas esas compras unos días, acabarás comprobando que un porcentaje alto de esas compras impulsivas no las harías.

Un ejercicio interesante, por ejemplo, es que cuando quieras comprar algo lo pongo incluyas en tu lista de deseos. Si la compras la vas a realizar en Amazon, prueba a hacerlo y si cuando van pasando los días sigues queriendo lo que hay, entonces cómpralo.

Puede que te acabes llevando las manos a la cabeza cuando veas lo llena que está esa lista de deseos de cosas que nunca has comprado, sin contar las que vas borrando porque ya incluso te molestan.

Pues exactamente lo mismo sucede con las ideas y proyectos. Es probable que tengas muchísimas ideas por las que te lanzarías ya a por ellas, pero antes debes hacer los deberes.

No puedes saltarte las bases y esas bases cuestan porque hay que pensar. Además son tareas que no suelen gustar mucho.

Henry Ford dijo: «Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá esa sea la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen».

Piensa…

¿Es esto lo que verdaderamente quiero para mi estilo de vida?, ¿realmente hay clientes para lo que quiero conseguir?, ¿qué competencia tengo?…,

Y así ve madurando las ideas hasta que las vas descartando para siempre, por el momento, o llevándolas a cabo.

Pero antes de nada hay que pensar, es una buena estrategia para triunfar en la vida y los negocios. Las personas que dedican tiempo a pensar tienen mayor éxito en su vida y negocios.

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